Biomasa, la nueva amenaza para los bosques de Francia

Redacción Desinformémonos

En otoño de 2013 se conocía que diversas áreas boscosas del sur de Francia (de la región Alta Provenza – Alpes del sur, así como la comarca de las Cevennes en Ardeche-Gard) se convertían en “Zonas de Aprovisionamiento Prioritario” para la central energética de biomasa de Gardanne. Se trata de una central térmica de carbón gestionada por la multinacional E.ON que está en proceso de reconversión para funcionar con biomasa vegetal, y que demandaría 850.000 toneladas de madera por año. El nuevo sistema debía entrar en funcionamiento este año.

Según el plan de aprovisionamiento inicial de la empresa, éste se basaría inicialmente en una combinación de residuos vegetales (restos de poda y desbroce), recursos forestales locales y biomasa importada. Según Nicholas Bell, del Colectivo SOS Fôret du Sud, “os restos vegetales existentes solo pueden cubrir el 10 por ciento aproximado de la demanda. Otro 10 por ciento provendrá de madera recuperada de la construcción, cuya combustión resulta muy contaminante al contener pinturas con plomo o cola industrial. El 80 por ciento restante del combustible de biomasa necesario tendrá como origen las talas forestales”.

Guerra por la madera” en el sur de Francia

Además de la megacentral de Gardanne, en la zona existe ya una central de biomasa de menor tamaño en funcionamiento (Pierrelatte, que consume 150.000 toneladas al año) y otro proyecto en estudio en Brignoles (Provenza-Alpes), de la multinacional Inova, con un consumo previsto de 185.000 toneladas por año. Toda esta demanda de madera para biomasa se une a la ya existente por parte de la fábrica de papel “Fibre Excelence” en Tarascon, también en la Provenza. Esta fábrica, que consume 1.2 millones de toneladas de madera por año, se vio obligada en verano de 2014 a importar madera procedente de Venezuela para cubrir sus necesidades. Para los colectivos opositores estas dificultades de abastecimiento local ya existentes indican una inminente “guerra por la madera” en la zona, ante el aumento de la presión sobre los recursos forestales.

Según SOS Fôret du Sud las consecuencias serán un aumento de las talas rasas (las que se no se realizan de forma selectiva sino que afectan a todos los árboles de un área determinada), con los consiguientes riesgos de erosión y pérdida de masa forestal, a pesar de los obstáculos legales para esta práctica. Como explica María Sanz, activista del colectivo, “las talas rasas están prohibidas en extensiones de más de cuatro hectáreas, pero para sortear esta prohibición los tratantes de madera las llevan a cabo en fincas colindantes de menor superficie. De esta forma la superficie total afectada por esta práctica puede llegar a ser enorme, pero al estar repartida en diversas propiedades no vulnera la legislación”.

Como demuestra el precedente de la fábrica de papel de Tarascon, una gran parte del abastecimiento de madera provendrá de importaciones de Sudamérica y Canadá. “La central de Gardanne, a pesar de no funcionar aún con biomasa, ya ha recibido un cargamento procedente de Brasil para las primeras pruebas. Cuando entre en funcionamiento tiene la obligación, por contrato y en contrapartida a las enormes subvenciones recibidas, de proveerse totalmente de madera local en un plazo de diez años”, explica Bell. Por “madera local” se entiende la obtenida en un radio de 400 km alrededor de la central.

La intensificación de la explotación de los bosques franceses fue uno de los grandes objetivos de Sarkozy en el momento de aprobar el proyecto. Por un lado para desarrollar la industria maderera local, con la consiguiente creación de puestos de trabajo, y por otro para aumentar la independencia energética francesa». Precisamente la necesidad de recurrir al aprovisionamiento exterior pone en cuestión esta pretendida “independencia energética”, teniendo en cuenta que la madera es, tras el petróleo, el recurso más importado por Francia. Las previsiones iniciales eran que durante esos diez años la mitad de la madera empleada en la central de Gardanne fuera importada, pero las protestas han hecho a las autoridades aumentar la proporción de importaciones, sin modificar el objetivo final de madera 100% francesa.

Subvenciones

La consideración de la biomasa vegetal como una energía “renovable” permitiría además a las empresas E.ON e Inova recibir enormes cantidades en subvenciones públicas, mediante el CSPE (Contribución al Servicio Público de la Electricidad), una tasa que se añade a la factura eléctrica doméstica. Se trataría aproximadamente de 70 millones de euros por año durante 20 años, unos 1.400 millones en total. Generalmente estas ayudas van destinadas a las plantas de cogeneración, cuyo principal aprovechamiento es el calor resultante de la combustión, y que generan electricidad de forma secundaria. Estas plantas cuentan con una eficacia energética de al menos el 60%. En las nuevas centrales de biomasa, sin embargo, se produce únicamente electricidad, lo que implica una eficacia energética de alrededor del 35 %.

«Dos tercios de la energía térmica resultante de la quema de biomasa se perderá en forma de calor no aprovechado», afirma Bell. «Al hablar de esta eficacia energética no estamos teniendo en cuenta toda la energía invertida en la tala, transformación, secado, y especialmente el transporte de madera y residuos». En el caso de la madera importada desde América del norte o del sur toda esta energía empleada en el transporte se incrementa exponencialmente, con lo que la Tasa de Retorno Energético (relación entre la energía empleada y la obtenida) se reduce enormemente.

Dimensión internacional

El proyecto de E.ON forma parte de una tendencia europea de conversión de centrales de carbón en biomasa, iniciada en Reino Unido por las centrales que no respetaban las exigencias de la Directiva Europea de emisión de CO2. Como denuncian organizaciones como Biofuelwatch, en la actualidad las centrales británicas requieren más de 50 millones de toneladas de madera por año, más de cinco veces toda la madera producida anualmente por los bosques del país. Ello implica forzosamente una dependencia de las importaciones forestales, procedente mayoritariamente del sudeste norteamericano y en menor medida de los bosques boreales de Canada. «La generalización de este tipo de centrales conlleva una presión creciente sobre estos ecosistemas, especialmente frágiles y fundamentales para atenuar las alteraciones climáticas», explican desde SOS Fôret du Sud. «A las talas de bosques primarios les siguen en muchos casos las plantaciones de especies foráneas de rápido crecimiento, una tendencia que ya existe en Francia y puede incrementarse».

Fracking y talas masivas

Las montañas de Cevennes, en los departamentos de Ardeche y Gard, son también el escenario de diversos proyectos de exploración de gas de esquisto mediante fracturación hidráulica (fracking). Aunque esta técnica está prohibida en Francia desde 2011, en enero pasado un tribunal local dio la razón a la multinacional energética Total en un recurso interpuesto para continuar con las exploraciones. La decisión se basa en ciertas diferencias técnicas con lo que la ley establece como “fracturación hidráulica”. Esta decisión judicial ha reactivado el movimiento anti-fracking en la zona, que llegó a reunir el 28 de febrero pasado a más de 15.000 personas en una gran manifestación en Barjac (Gard). «Aunque Total ha ganado esta batalla jurídica, también ha habido otros permisos de exploración que se han anulado. En este momento hay diversos recursos en marcha, lo que está dilatando el proceso en los tribunales, así que por el momento el proyecto está parado. Pero puede haber un cambio en algún momento, si la compañía petrolera gana los recursos y recupera sus permisos de exploración. Por otro lado el proximo año hay elecciones presidenciales, y puede que el cambio de gobierno modifique la situación, probablemente en sentido negativo», señala Sanz.

Una oposición en aumento

Por el momento la movilización contra las grandes talas forestales y las centrales energéticas de biomasa no es tan grande como la desplegada contra el fracking. «Aunque mucha gente participa en ambas luchas, la movilización contra las grandes talas resulta aún insuficiente, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un problema que ya existe mientras que aún no hay una explotación de fracking cercana», explica Sanz «Esto se debe en parte a motivos económicos, ya que muchos propietarios van a obtener un beneficio por estas talas, mientras que por el contrario el fracking no va a beneficiar a nadie, y los terrenos donde se realicen las perforaciones van a ser expropiados sin apenas compensación. Pero también hay una falta de información, ya que muchos propietarios forestales desconocen el destino de la madera que les compran».

Aún así, el movimiento va creciendo.

«El primer colectivo, SOS France, se creó en el noreste de Francia, donde ya se habían realizado numerosas talas tanto para centrales locales como de Bélgica. A raíz del proyecto de Gardanne, decidimos crear SOS Foret du Sud. Ha habido manifestaciones y reuniones públicas que han servido para difundir el problema, pero queda mucho trabajo por hacer». Actualmente hay colectivos opositores en todas las zonas susceptibles de ser afectadas por las talas.

Además de la movilización ciudadana, numerosas instituciones locales se han opuesto al proyecto de megacentral de Gardanne, entre ellas las mancomunidades municipales de Forcalquier-Lure y Pays de Banon, así como las Juntas Forestales de Luberon y Lure, que representan un total de unos 100 municipios. El Parque Natural Regional del Luberon ha tenido también un gran peso a la hora de impulsar mociones contra Gardanne.

Alternativas para el futuro de los bosques

Las talas masivas destinadas a la producción de electricidad forman parte de un modelo industrial de gestión forestal en el que los bosques autóctonos irían siendo sustituidos por plantaciones monoespecíficas de rápido crecimiento. Frente a este modelo se van extendiendo iniciativas locales de aprovechamiento responsable y cuidadoso de los bosques en las zonas afectadas, algunas de las cuales se han ido coordinando en la «Reseau pour les Alternatives Forestières» (Red para las Alternativas Forestales). Como explica Marjolaine Boitard, una de sus responsables, «la RAF trata de promover y valorizar las redes forestales locales y las alternativas que ya existen, de forma que centrales como la de Gardanne no sean el único destino posible de la madera. Además de formas medioambientalmente distintas de trabajar en el bosque, queremos contribuir a que se den garantías económicas y jurídicas, por ejemplo en el acceso a los terrenos sin ser propietario». Una de las iniciativas surgidas con esta filosofía es la cooperativa «Collectif Bois 07», que trata de agrupar en el mismo territorio el conjunto de actividades relacionadas con el trabajo del bosque y la madera; desde la gestión forestal hasta la construcción con madera y la venta directa, pasando por la explotación, el aserrado o la carpintería. El objetivo es contribuir, mediante la economía social y el trabajo artesanal, a revitalizar las montañas de Ardeche preservando al mismo tiempo sus bosques.

Texto publicado en el Periódico Diagonal.net

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