No nos robarán la rabia ni el viento

Alessi Dell’umbria Traducción: Arthur Lorot

Oaxaca, México. Las agresiones y constantes provocaciones contra el pueblo ikoot (huave) de San Dionisio del Mar, Oaxaca, por su oposición a la construcción del parque eólico de la empresa española Mareña Renovables, fueron el preludio de una caravana de solidaridad en la que participaron más de veinte organizaciones indígenas, campesinas y populares.

El punto de encuentro sería San Dionisio, lugar donde existe un fuerte conflicto con las empresas eólicas. Sin embargo, al llegar a la entrada de la comunidad, los 13 vehículos que transportaban alimento para los pobladores ikoot que se encuentran en resistencia, se toparon con grupos de golpeadores y policías que les impidieron el paso. Lo ocurrido, dijeron los organizadores de la caravana, es una clara muestra de que la empresa Mareña Renovables quiere imponer este proyecto con violencia.

Hace treinta años descubrieron el potencial del viento del Istmo de Tehuantepec. Desde entonces la clase política oaxaqueña y los medios de comunicación subordinados al poder repiten el mismo mensaje: “El istmo tiene un gran potencial en el terreno eólico”. Para reforzar este hecho, sugieren que, de cualquier modo, los territorios istmeños están constituidos por tierras vírgenes e inhabitadas.

Durante la inauguración de un nuevo parque eólico en marzo de 2010, el director de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) declaró: “El istmo pasó de ser un paisaje estéril a ser una selva de energía”. Con una frase borró a miles de pequeños ganaderos, agricultores y pescadores, de la misma forma en que lo hizo el gobernador de Oaxaca, Gabino Cué Monteagudo, al afirmar recientemente que era muy factible instalar eólicas en la barra Santa Teresa porque “allí sólo crece salicor”. Sin embargo, esta área aloja varios lugares sagrados de los pescadores ikoot.

 

Los 14 y 15 de septiembre pasados, cientos de personas se reunieron en San Dionisio del Mar, Oaxaca, para apoyar la resistencia local al megaproyecto eólico. El 25 de septiembre, mientras los comuneros del pueblo ikoot bloqueaban el acceso a la barra San Teresa para impedir el inicio de las obras, Gabino Cué Monteagudo presidió el Segundo Foro Internacional de Energías Renovables 2012, a donde asistieron expertos estadunidenses, europeos, latinoamericanos y asiáticos. Sobre los proyectos pendientes en el istmo, Cué habló de “acciones que se desarrollan en el marco de la legalidad y con estricto respeto de los ecosistemas y de las decisiones de las comunidades”. Sin embargo, las empresas eólicas y sus aliados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y a veces del Partido Revolucionario Democrático (PRD) ya han envenenado la atmósfera istmeña; mediante sistemáticas prácticas corruptas y falsas promesas han causado graves divisiones dentro de las comunidades y no han vacilado en usar la violencia en contra de quienes se muestran recalcitrantes a los proyectos, los cual cuales, además, son causa de despojos territoriales y daños ecológicos.

La primera vez que fui a San Dionisio, en enero de 2011, una verdadera capa de plomo había caído sobre el pueblo. Nadie quería hablar del problema de las eólicas. No era un tema de plática y era imposible conocer la opinión de la gente. Poco tiempo antes, una comisión que difundía información sobre los daños ecológicos provocados por los parques eólicos fue expulsada por la fuerza por el presidente municipal priista, Miguel López Castellanos. De acuerdo con él, la asamblea de comuneros había votado ya a favor del proyecto. En realidad, después del rechazo de dos asambleas comunales, el presidente municipal convocó a una tercera asamblea, a la que invitó, de los mil comuneros que habitan en el pueblo, a tan solo cien de ellos, que gozaron –de una manera u otra– de los favores del presidente municipal.

San Dionisio parecía la ilustración de la “dictadura perfecta” pero, durante el verano de 2011, los habitantes de Pueblo Viejo, informados por víctimas del proyecto eólico, se rebelaron en contra del proyecto y se dirigieron a San Dionisio. En enero de 2012 el presidente municipal que había firmado el cambio de uso del suelo en la barra Santa Teresa sin consultar al pueblo, fue literalmente expulsado del palacio municipal por una pequeña insurrección. Había cambiado el estatus del “terreno agrícola” por “terreno industrial” con una sola firma; algo que seguramente sería muy rentable.

Ésta hubiera podido ser una historia más de la corrupción “normal” que se vive en una municipalidad regida por los partidos políticos, pero el pueblo reaccionó y empezó a resistir. La lucha no pinta fácil: el PRI no aceptó su derrota y continúa haciendo labores de convencimiento de puerta en puerta, y distribuyendo propinas para comprar el apoyo de habitantes de Pueblo Viejo. Miguel López Castellanos, el presidente municipal caído, sigue siendo considerado por el gobernador de Oaxaca como el único representante legítimo de San Dionisio y sigue percibiendo dinero del Estado, además del que recibe de la empresa Mareña Renovables, multinacional a cargo del proyecto eólico en la comunidad.

Se profirieron amenazas y mucha gente en San Dionisio sigue sin manifestarse: el medio no ha desaparecido. Lo que al menos aparece ahora con claridad, es que la llamada “energía limpia” se impone de una manera particularmente sucia.

“Energía eólica, fuente de inversión y empleo” fue el lema principal de Gabino Cué el 25 de septiembre durante el foro de propaganda eólica. Hoy, en todo el mundo, se justifica casi cualquier cosa con el argumento de la creación de empleos, pero se deja de lado el hecho de que los empleos calificados y bien pagados serán ocupados por técnicos españoles y que la gente del Istmo tendrá que contentarse con empleos precarios como de bracero y barrendero. Todo en un esquema digno de los tiempos coloniales en los que la familia de Gabino Cué se enriquece gracias al negocio de café y el turismo.

El objetivo del gobierno estatal es atraer las inversiones a Oaxaca. El gobierno federal, para quien la rentabilidad potencial del territorio es el único criterio aceptable y quien autorizó una lógica de depredación a todos los niveles, concuerda con ese objetivo. Así pues, los proyectos se multiplicaron en el estado de Oaxaca: minas a cielo abierto, presas hidroeléctricas, autopistas, acondicionamiento turístico y, por supuesto, también parques eólicos.

El hecho de que existen en estos territorios auténticas formas de vida representa un problema “técnico” para los responsables, quienes piensan que todo se debe solucionar “sencillamente” con dinero.

En el Segundo Foro Internacional de Energías Renovables, Jonathan David Arzac, dirigente del fondo de infraestructura Macquarie, uno de los inversionistas de Mareña Renovables, reconoció que esta última “no logró comunicarse con los indígenas ikoots”. En el lenguaje de la dominación, en el que se invierte el sentido de las palabras, se le llama “comunicación” a las peores formas de manipulación. El empresario añadió que –de acuerdo con la larga tradición de la ideología liberal en la que el interés privado de cada uno va haciendo la felicidad de todos– se trata de “un proyecto extraordinario de gran beneficio en el que nadie perderá, sino que todos ganarán”.

Sin embargo, hasta ahora los únicos ganadores son los priistas. Ángel Rojas Rivera, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) convocó el 22 de septiembre, unos días antes del foro, a una junta con Mareña Renovables para exigir la liberación del acceso a la barra Santa Teresa “por la fuerza o de cualquier otra manera posible”. La CTM es el organismo que fue contratada por las empresas eólicas para proveer de trabajadores a las obras del istmo. Esto es un claro ejemplo de lo que será la “creación de empleos” del gobernador de Oaxaca: una distribución de pequeños trabajos subalternos otorgados como recompensa a los afiliados del PRI. En esta misma reunión, el 22 de septiembre, el antropólogo Gerardo Garfia, delegado del gobierno oaxaqueño, y el priista Jorge Castillo afirmaron que las obras empezarán de todos modos, “aunque haya derramamiento de sangre”. En la misma reunión, Teodulo Gallegos, agente municipal de Pueblo Viejo, se arriesgó a prometer que su gente protegerá la obra eólica.

Durante las elecciones en la Cámara de Diputados, el candidato priista en el Istmo, Samuel Gurrión, dueño de una cadena de tiendas de materiales de construcción, incluyó como segundo punto de su programa el desarrollo de la industria eólica en el Istmo. Más allá de la percepción de la realidad en términos de inversiones y beneficios financieros de un empresario como Gurrión, está claro que los proyectos eólicos ofrecen a los representantes del PRI una oportunidad inesperada de fortalecer su poder. La distribución de empleos en las obras eólicas permite reforzar el control de los grupos priistas sobre una parte de la población. A esto hay que añadir el dinero que reparten las compañías eólicas a los intermediarios que tienen la difícil tarea de convencer a los comuneros de ceder sus terrenos, con violencia si es necesario. Así sucedió en Unión Hidalgo, donde el palmar, tierra de uso común que los comuneros habían logrado rescatar de la codicia de las empresas eólicas, fue incendiado intencionalmente dos veces con la idea de que una vez convertido en un terreno calcinado, los comuneros acabarían cediendo ese terreno.

Desde la apertura del primer parque hace diez años, han sido instalados y están en funcionamiento 685 aerogeneradores en el Istmo, en los territorios de La Venta, La Ventosa, Ingenio Santo Domingo, Unión Hidalgo y Juchitán, en una superficie total de 8 mil hectáreas y con una producción total de 938 mega watts a través de 11 centrales explotadas por siete empresas. La inversión ha sido de mil 900 millones de dólares, y las cifras de las ganancias no se han hecho públicas.

En el Istmo hay ya regiones enteras dedicadas a la mono industria eólica, kilómetros de tubos de acero que han sido levantados cierran la vista. El horizonte istmeño se reconocía por sus palmeras, ahora se reconoce por sus molinos de acero. Otras cuatro centrales están en construcción en la misma zona. Comenzarán a operar en el 2013 para recoger la energía de 339 aerogeneradores suplementarios que ocuparán 3 mil hectáreas más, con una capacidad de 462 mega watts, lo cual requerirá una inversión de 864 millones de pesos.

Varios observadores consideraban, en el momento de la inauguración del Parque Eurus, en 2009, que los proyectos eólicos habían provocado la privatización de 15 mil hectáreas de tierras comunales y ejidales en el Istmo, a tal punto que se habló de una verdadera contrarreforma agraria. Así, las mil cien hectáreas del Parque Eurus, inaugurado en La Venta, han dejado de ser explotadas como tierras agrícolas y se han perdido de 11 a 12 mil toneladas anuales de sorgo, maíz y caña de azúcar en una región que padece por la falta de recursos alimenticios. Todo el sistema de flujo de agua que, desde las partes altas del Istmo, irrigaba los campos y alimentaba a las lagunas, ya no existe, ha sido destruido.

Durante la temporada de lluvias, charcos de aceite de los parques eólicos contaminan la laguna superior. El campo magnético liberado por las centenas de aerogeneradores disminuyó de mitad la reproducción del ganado y los habitantes de La Venta deben dormir con los oídos tapados por el incesante ruido de los eólicos. A esto, se suma la muerte de miles de aves migratorias y murciélagos, miles de árboles arrancados, miles de toneladas de cemento inyectadas en el suelo y la desaparición de gran parte de la fauna salvaje.

Para el proyecto de San Dionisio, se prevé la instalación de 132 aerogeneradores que formarán una línea a lo largo de la barra Santa Teresa. Cada aerogenerador medirá 80 metros de altura y producirá tres mega watts. Este parque producirá en total 396 mega watts que serán transportados primero a través de un cable de transmisión instalado en el fondo de la laguna superior (la fauna acuática podrá sentir las vibraciones) y luego por una línea de 52 kilómetros hasta la subestación de Ixtepec, de la cual será redirigida a la red nacional de la Compañía Federal de Electricidad. Esta electricidad será destinada a la cadena de tiendas Oxxo, Coca-Cola, Heineken y Moctezuma. Además, Mareña Renovables pretende construir no menos de cinco malecones de hormigón en la barra, para que los barcos cargueros de material de construcción y de mantenimiento puedan atracar. Así desaparecerán importantes zonas de manglares, que cumplen un papel decisivo en la reproducción de las especies acuáticas, las cuales deberán, además, soportar el campo magnético inducido por el parque eólico.

El ecosistema único en el cual las comunidades de pescadores ikoots y zapotecos han vivido en armonía durante siglos se convertirá en un sistema de explotación industrial, para que empresas puedan envenenar aún más a los mexicanos con comida y bebida chatarra.

La verdad que hay detrás de la industria eólica es la transformación total del campo en una zona industrial. Y como esta energía industrial está destinada a las metrópolis industriales, los proyectos eólicos significan la subordinación total y definitiva del campo a las metrópolis. Ningún espacio puede de ahora en adelante escapar al dominio totalitario que ejerce la metrópoli capitalista. Ésta ha suprimido de la misma manera la ciudad y el campo. Lo que fue en otro tiempo la ciudad se ha convertido en una aglomeración suburbana que se expande sin frenos ni límites, como suceden en la zona del Istmo entre Salina Cruz, Tehuantepec y Juchitán; la misma lógica devora el campo, reducido a una sucesión de zonas industriales encargadas de abastecer a la metrópoli: campos dedicados a la producción agrícola industrial, destinada a las poblaciones suburbanas, parque naturales protegidos para explotación turística, y parques eólicos para proveer a las empresas ubicadas en las grandes metrópolis. En otros términos, la metrópoli capitalista niega cualquier autonomía del mundo campesino.

“La pesca, es la forma de vida no solamente para nosotros los ikoots sino también para un gran número de comunidades zapotecas y si nos quitan nuestra fuente de vida, nos quitan la vida” declaró uno de los opositores al proyecto de San Dionisio. No habló de “fuente de ingreso” sino de “forma de vida”. Para los indígenas del Istmo, es su mundo el que está siendo atacado por el megaproyecto eólico. Es una relación con la tierra, el agua, el aire, que no se reduce a la explotación fría y utilitarista, sino que tiene que ver con lo sagrado. Para defender esto, los indígenas están listos para llegar “hasta las últimas”, como ya lo dijeron en la gran manifestación de los pescadores istmeños en Juchitán, el 5 de mayo pasado.

San Dionisio está en el centro del conflicto. Hasta ahora, los parques eólicos no habían llegado a las lagunas. La barra Santa Teresa, que pertenece a San Dionisio y separa las dos lagunas, define los territorios de pesca comunes a todos los indígenas que viven alrededor, ikoots y zapotecos. San Dionisio no debe ser abandonado al aislamiento. Con la solidaridad activa de todos. San Dionisio puede vencer. El ejemplo del proyecto eólico cancelado en Cozumel, Quintana Roo, teniendo en cuenta la preservación de los manglares, es esperanzador. Ya la comunidad ikoot de San Mateo, que siempre se ha declarado en contra de cualquier proyecto eólico y que ha mandado varios delegados al encuentro del 14 y 15 de septiembre, se ha solidarizado con la de San Dionisio, al igual que lo hicieron habitantes de San Francisco del Mar, de Huamuxil, de Unión Hidalgo y de Juchitán.

El 30 de septiembre un opositor al proyecto eólico fue asesinado en el pueblo de Santo Domingo Ingenio, unos kilómetros al este de La Venta. Se oponía al proyecto de la compañía eléctrica francesa EDF, apoyado por el presidente municipal del PRI. Existen muchas amenazas explícitamente formuladas en contra de los que, en San Dionisio, se niegan a agacharse ante las mafias priistas, prestas a liquidar los territorios indígenas mientras les enriquece y conforta su poder. La lucha de San Dionisio debería ser ejemplar para todos los jóvenes mexicanos que rechazan la imposición de Peña Nieto. Se requiere apoyar activamente a este pueblo que se ha levantado frente al sistema del PRI; su caso, debería ser una prioridad.

Publicado el 22 de Octubre de 2012

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